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La Coctelera

Robertokles

Sobre animalismo, literatura, música y otras minucias

Categoría: Historia

1 Septiembre 2008

Dufay: motete-antífona Ave regina celorum

Guillaume Dufay: Supremum Est Mortalibus Bonum (Motetes, vol.2). Cantica Symphonia. Giuseppe Maletto, dirección (GCD P31902. Glossa Music)

En los últimos decenios de su vida, Dufay parecía haber conseguido, por lo menos para él, esa paz que había varias veces invocado y anhelado para una Europa convulsionada por las guerras. Alrededor de 1460, acaso sintiendo su muerte próxima, escribió, para él, Ave regina celorum, un motete-antífona cuyo texto litúrgico alterna con los versos del tropo Misesere tui labentis, Dufay. En su testamento, Dufay pidió que, tras la extremaunción, los pueri y los cantores de la Catedral de Cambray cantasen esta antífona en su lecho de muerte. Esta composición, verdadera suma de su arte polifónico, no sólo aparece como un edificio totalmente «renacentista» —contiene todos los elementos estilísticos que volveremos a encontrar en Ockeghem y en Josquin—, sino que alcanza un nivel de expresividad emotiva que anuncia, con más de un siglo de anticipación, la espressione degli affetti monteverdiana. El asombroso dramatismo al inicio del tropo Misesere tui labentis, Dufay y, todavía más, la afanosa persecución de las voces en el pasaje «in mortis hora» nos hace sentir con toda su fuerza, a través de los siglos, el miedo y la angustia del compositor pensando en el momento de su propia muerte.

Pero Dufay vivió todavía durante largos años, y encontró tiempo para desarrollar ulteriormente los temas de este extraordinario motete en su grandiosa última misa, llamada precisamente Missa Ave regina celorum. En la misa, Dufay volvió a utilizar enteramente el material temático de la antífona, incluído en el tropo; aunque el texto litúrgico tome el sitio de la invocación de Dufay, el eco de esta invocación queda intacto en la frase musical. La Missa Ave regina celorum fue cantada durante la ceremonia de dedicación de la Catedral de Cambrai en 1472. Dos años más tarde, concluía la existencia terrenal de Guillaume Dufay.

Guido Magnano

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30 Mayo 2008

Rousseau, atropellado por un perro

RousseauPor lo general, Rousseau suele provocar reacciones extremas. Pese a que me disgusta su tono plañidero y me asombro con su insaciable capacidad para ver conjuras contra él donde no había nada, con su desatada manía persecutoria (me explico: no perseguía a nadie; pensaba que le perseguían todos), y no sufro facilmente cuando adopta el tono iluminado de la santurronería naturalista, sin embargo, leo sus libros (menos las Confesiones y las Ensoñaciones del Paseante Solitario) con bastante agrado. Una cosa es el hombre, y otra el autor. Confieso que en esto de que a uno le pongan entre la espada de Beatles o la pared de los Rolling y toda esa serie de elecciones forzadas, en la habitual entre Rousseau y Voltaire suelo quedarme con el último. Me encanta su sarcasmo, su ironía, y lo afilado de su pluma (Voltaire es un escritor excepcionalmente dotado para la sátira). Y sin embargo, en el pasaje que vengo a ofrecer hoy, Voltaire fue tan agudo que llegó a cortar a sus lectores, y es Rousseau quien termina por provocarme un sentimiento de compasión. Pero pasemos a narrar el incidente al que me refiero:

En la segunda promenade (ensoñación) de sus Ensoñaciones del Paseante Solitario, el anciano Rousseau nos narra que en octubre de 1776 (es decir, que sumaba 64 años), tras haber comido, sale por los bulevares hasta la cuesta del Ménilmontant, (1) entreteniéndose en el descubrimiento y reconocimiento de las especies botánicas.

Era otoño, y el buen ginebrino nota que las gentes de la ciudad habían abandonado esos parajes, quedando éstos solitarios tras el término de la vendimia (2). El efecto hace mella de inmediato en el peculiar carácter del filósofo, tan proclive a la melancolía y la lamentación, dando como resultado el comienzo de una reflexión que versaba sobre hasta qué punto tales soledades no eran acordes con esa etapa de su vida, para él desdichada, solitaria, y acechada por la vejez y las conspiraciones que (tan fértilmente imaginadas) se urdían en su derredor (3).

Tan embebido estaba el pobrecico en estas tristes reflexiones, cuando a las seis de la tarde, en la pendiente de Ménilmontant, regresando a casa, siente que se apartan las personas que caminan ante él (nótese lo peculiar de esta soledad roussoniana), quedándole frente a un enorme gran danés lanzado a la carrera delante de una carroza. ¿Qué hacer? El pobre Rousseau es anciano, y no ha reaccionado a tiempo. Ignoro el tamaño que estos canes podrían tener en el XVIII; ahora pesan cerca de 60 kilos, e incluso he visto algunos más pesados. Así que se le ocurre la peregrina idea de ¡saltar para que el perro pasase por debajo de él mientras estaba en el aire! (4)

Imaginad el porrazo tan tremendo que tuvo que darse; parece que salió despedido tan lejos, con los pies arriba y la cabeza abajo, que incluso la cochero, que conduciría a una velocidad de espanto, tuvo tiempo para frenar a tiempo y no pasarle al ginebrino por encima. Rousseau se golpeó la cabeza, y quedó tendido sin conocimiento un tiempo indeterminado (él reconoce que cuando se despertó, era casi de noche (5)). Aturdido, tarda largos minutos en recordar quién es, dónde vive, y qué hace en ese lugar. Maltrecho como estaba, prefiere caminar a morir de frío en un simón (un carruaje de pasajeros), lo que nos da idea de que Rousseau comenzaba a ser él mismo, expuesto siempre a su exagerada hipocondria y a su proverbial tacañería (6).

El caso es que se restableció lentamente de las magulladuras (aparte de la pérdida momentánea de conocimiento, no tenía nada importante), pero se vio expuesto a los efectos del rumor. En París, cuando llega la noticia, lo hace desfigurada y da la versión de que el escritor ha muerto a consecuencia del incidente. Mientras el filósofo se retuerce de rabia en su casa, sospechando que los editores saquearán sus escritos sin publicar sólo para imputarle obras espurias, y que esa acción tendra como objeto manchar su buen nombre (Rousseau era ciego para ver que lo único con lo que querían mancharse estos señores era con dinero), tenemos noticia de que el corresponsal del Courrier d'Avignon publica esta dura necrológica en la edición del 20 de Diciembre del mismo año:

«M. Jean-Jacques Rousseau ha muerto a consecuencia de su caída. Vivió pobre, ha muerto miserablemente; y la singularidad de su destino le ha acompañado hasta la tumba. Lamentamos no poder hablar de los talentos de este escritor elocuente; nuestros lectores deben sentir que el abuso que de ellos hizo nos impone aquí el más riguroso silencio. Hay motivos pata creer que el público no será privado de su vida y que se encontrará hasta el nombre del perro que le ha matado ».

Más duro se muestra Voltaire, aun es cierto que en privado. En una carta fechada enviada a Florian y fechada el 26 de Diciembre de 1776, se hace eco de una variante de la noticia:

«Jean-Jacques ha hecho muy bien en morir. Se dice que no es cierto que sea un perro el que lo mató; curó de las heridas que su camarada el perro le había hecho; pero se dice que el 12 de diciembre se le ocurrió celebrar la Escalada [fiesta ginebrina] en París con un viejo ginebrino llamado Romilly; comió como un diablo y al darle una indigestión, murió como un perro. Qué poca cosa es un filósofo.»

Pues eso: qué poca cosa es un filósofo.

Notas:

1. Le jeudi 24 octobre 1776, je suivis après dîner les boulevards jusqu'à la rue du Chemin-Vert par laquelle je gagnai les hauteurs de Ménilmontant

2. Depuis quelques jours on avait achevé la vendange; les promeneurs de la ville s'étaient déjà retirés; les paysans aussi quittaient les champs jusqu'aux travaux d'hiver.

3. Il résultait de son aspect un mélange d'impression douce et triste trop analogue à mon âge et à mon sort pour que je ne m'en fisse pas l'application. Je me voyais au déclin d'une vie innocente et infortunée, l'âme encore pleine de sentiments vivaces et l'esprit encore orné de quelques fleurs, mais déjà flétries par la tristesse et desséchées par les ennuis. Seul et délaissé, je sentais venir le froid des premières glaces, et mon imagination tarissante ne peuplait plus ma solitude d'êtres formés selon mon coeur. Je me disais en soupirant: qu'ai-je fait ici-bas? J'étais fait pour vivre, et je meurs sans avoir vécu. Au moins ce n'a pas été ma faute, et je porterai à l'auteur de mon être, sinon l'offrande des bonnes oeuvres qu'on ne m'a pas laissé faire, du moins un tribut de bonnes intentions frustrées, de sentiments sains mais rendus sans effet, et d'une patience à l'épreuve des mépris des hommes.

4. Des personnes qui marchaient devant moi s'étant tout à coup brusquement écartées je vis fondre sur moi un gros chien danois qui, s'élançant à toutes jambes devant un carrosse, n'eut pas même le temps de retenir sa course ou de se détourner quand il m'aperçut. Je jugeai que le seul moyen que j'avais d'éviter d'être jeté par terre était de faire un grand saut si juste que le chien passât sous moi tandis que je serais en l'air. Cette idée plus prompte que l'éclair et que je n'eus le temps ni de raisonner ni d'exécuter fut la dernière avant mon accident. Je ne sentis ni le coup ni la chute, ni rien de ce qui s'ensuivit jusqu'au moment où je revins à moi.

5. Il était presque nuit quand je repris connaissance.

6. Je pensai que puisque je marchais sans peine il valait mieux continuer ainsi ma route à pied que de m'exposer à périr de froid dans un fiacre.

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3 Abril 2008

Historia de las revoluciones americanas en 13 imágenes (II)

Como ya vimos en el anterior artículo sobre este tema, afortunadamente para la paz, el diálogo y la concordia universal, amén de para proteger la vida del personal sanitario voluntario (siempre que sea estadounidense o afín a ellos) siempre estará Thor. En las imágenes siguientes, y no podía ser de otro modo, le vemos empleando sus dotes para la diplomacia. Obsérvese que, tanto el casco del piloto como el avión están señalados con la marca de la bestia. Justo es, pues, arrearles un par de martillazos que ayuden a mejorar su mecánica.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)
Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Mientras, en San Diablo, asistimos al primer acercamiento gráfico del lider comunista y sus secuaces. La posición en sí ya es importante. En una mesa de despacho (teléfono, documentos y... ¡candelabro!), sentado en una butaca con reposacabezas, el Ejecutor muestra sus credenciales poniendo sobre los pies sobre el área de trabajo a la par que come un muslo de pollo a mano desnuda. Esto es revelador, porque no se puede ser malvado si no se deja continua constancia de ello hasta en el más mínimo detalle. El Ejecutor come con las manos, pone las botas indecorosamente encima de la mesa, lleva boina calada, luce barba sin bigote y exhibe una morfología facial similar a las representaciones de las especies antecesoras al homo sapiens. Por descontado, también se nos muestra la crueldad en el trato con sus secuaces, que en la hora postrera se revelan como unos cobardes de marca mayor. Como todo comunista, el Ejecutor es despiadado y, como algunos programas informáticos, no tiene tolerancia ante el error. Aquel que fracasa es un traidor. Las caricaturas de Stalin y Beria se trasladan por el tiempo y el espacio hasta la América Latina de los sesenta sin rubor ni ambages.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Humean las armas de la facción comunista. El fusilamiento, esa fórmula punitiva exclusiva de la izquierda, ha dejado sentir su presencia. Los soldados, tocados con gorra, han llevado a cabo la acción sin consideraciones éticas que valgan, sin que se muestre más que una maquinaria al servicio de su lider. Mientras, oculto en una habitación del primer piso del edificio, el Ejecutor y sus camaradas prosiguen a lo suyo. Han desembarcado los yankees, que siguen emperrados en curar (atención a la insistencia) a los campesinos. Naturalmente, ellos van a impedirlo. ¡Cómo se le puede ocurrir a nadie que las izquierdas en América Central o Sur hayan pensado alguna vez en el bienestar del campesinado! Son los Estados Unidos los que, con sus ejércitos de médicos y enfermeras (entre los que se colaba algún Thor de cuando en cuando) han mostrado la humanísima compasión característica de todos sus Gobiernos. Como la muestran ahora en ese lugar de Oriente Medio donde la situación es bastante buena.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

La acción continúa y el trasunto humano de Thor, amén de su linda enfermera (en los comics de Lee-Kirkby, las mujeres son enfermeras o ayudantes de laboratorio o secretarias y los hombres médicos, científicos o empresarios: y muéstrese bien la jerarquía entre sexos) han sido capturados. Ahora... ¿Qué es lo que quiere un infame latino (todos son bigotudos o barbudos y feos) de una estadounidense (esto es, blanca, rubia, delgada, hermosa y joven)? Pues qué va a ser. Los extranjeros siempre quieren acostarse con nuestras mujeres. Y, para colmo, son tan zopencos que no conocen las maneras del cortejo. Así que siempre urden unas tramas malignas para tratar de llevarlas a la cama. Todo eso, cuando tienen el tiempo suficiente y no las violan sin contemplaciones. El Ejecutor, al menos, adopta la primera fórmula: tras un brusco galanteo (bravamente respondido por la enfermera, que le echa en cara su fealdad latina), y ante la amenaza de fusilar al doctor Blake, le propone matrimonio. Eso, amigos, es el amor fuera de Estados Unidos. Así se comportan estos salvajes con la florida juventud yanqui.

Por descontado, lo de los maltratos a los cojos es locus comunis. Es algo común al sur del Río Bravo. ¿O no?

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)
Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

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23 Marzo 2008

Voltaire acerca de los genios

François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire Ayer mismo, Rosana nos anotaba la definición de la voz Genio que aparece en el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias. Traigo aquí en mi lugar la aparecida en el Dictionnaire philosophique portatif. — La Raison par alphabet (Diccionario filosófico portátil —la Razón por vía del alfabeto), de Voltaire, obra de la que aún a fecha de hoy, no tenemos otra traducción más completa en castellano que la que el editor F. Sempere publicó en 1901. Ya que para leerlo en lengua castellana tenemos que recurrir a un texto mutilado, justo parece que lo conozcamos por un título abreviado también, que es el habitual de Diccionario filosófico. Libro impagable donde los haya, de insoslayable lectura, Voltaire vierte aquí su discurso ácido, pleno de una divertida ironía. En el artículo Genios se pronuncia de la siguiente —e insolente— manera:

La doctrina de los genios, la astrología judiciaria y la magia llenaron todo el mundo antiguo. Si os remontáis hasta el antiguo Zoroastro, veréis que entonces ya se conocían los genios. En toda la antigüedad predominan los astrólogos y los magos. Nos burlamos hoy de aquellos pueblos en los que prevalecían semejantes ideas; si nos pudiéramos poner a su nivel, si empezáramos como ellos a cultivar las ciencias, haríamos lo que ellos hicieron. Supongamos por un momento que somos hombres de ingenio que empezamos a meditar sobre nuestro ser y a estudiar los astros; que creemos indudablemente que la tierra está inmóvil en el centro del mundo; que el sol y los planetas giran para ella, que las estrellas se formaron para nosotros y que el hombre es el único objeto de toda la Naturaleza. ¿Cómo teníamos que considerar todos esos globos destinados para nuestro uso y la inmensidad del cielo? Era muy verosímil que el espacio y los globos estuvieran poblados de sustancias, y que siendo nosotros los favoritos de la Naturaleza, colocados en el centro del mundo, esas sustancias estuvieran sin duda destinadas a velar por el hombre.

El primero que creyó que todo eso era posible encontraría en seguida discípulos que se convencieran de que existía todo eso. Debieron empezar por decir que debían existir genios, y nadie demostraría lo contrarío, porque no es imposible que los aires y los planetas estén poblados. Supondrían en seguida que existían genios, y nadie podría probar que no existían. Luego algunos sabios vieron esos genios, y los demás no creyeron tener el derecho de contestarles que no los habían visto, porque esos genios se habían aparecido a personajes dignos de fe. Uno de ellos vio el genio del Imperio o de su ciudad; otro, el de Marte y el de Saturno; los genios de los cuatro elementos se aparecieron a muchos filósofos, y más de un sabio se jactaría de haber visto su propio genio, soñando, es verdad; pero los sueños eran signos de la verdad.

Dedujeron de todo lo que les rodeaba cómo serían los genios. Para llegar hasta nuestro globo necesitaban tener alas; pues ellos las tenían. Todo lo que existe es corporal; luego los genios tenían cuerpo, pero cuerpo más hermoso que el nuestro, porque eran genios, y más ligero, porque venían de muy lejos. Los sabios que disfrutaban el privilegio de conversar con los genios inspiraban a todos los demás la esperanza de gozar esa felicidad. Si algún escéptico se hubiera atrevido a decirles: «No he visto genios, luego no existen», le hubieran contestado: «Discurrís muy mal; porque no conozcáis una cosa, no podéis deducir que no existe; no hay contradicción en la doctrina que enseña la Naturaleza de esos poderes aéreos, ni es imposible que nos visiten; se han aparecido a nuestros sabios; si vos no los habéis visto, es porque no sois digno de ver genios.»

Así como aparecen en el mundo el bien y el mal, así también deben existir indudablemente genios buenos y genios malos. Los persas tuvieron las peris y las divas; los griegos los daimons y cacodaimons (1); los latinos buenos y malos genios. El genio bueno debía ser blanco y el malo negro, excepto en los pueblos negros, en los que sucedía lo contrario. Platón admitió la existencia de un genio bueno y de un genio malo por cada mortal. El genio malo de Bruto se le apareció a éste para anunciarle su muerte antes de la batalla de Filipos; así lo dicen graves historiadores, entre ellos Plutarco.

Se conocieron genios machos y genios hembras. Los romanos llamaron a los genios de las damas pequeños junos (2). Gozaban en dicha nación viendo cómo crecía y cómo entraba en años el genio protector de cada uno; para el niño era éste un Cupido con alas, y cuando llegaba a la vejez el hombre a quien protegía llevaba barba larga; algunas veces era una serpiente. Consérvase en Roma un mármol en el que hay esculpida una hermosa serpiente debajo de una palmera, de la que cuelgan dos coronas, y en la que se lee esta inscripción: «Al genio de los augustos»; ése era el emblema de la inmortalidad.

¿Qué prueba demostrativa podemos presentar hoy de que los genios, en los que creyeron tantas naciones ilustradas, no son mas que fantasmas de la imaginación? Cuanto podemos decir en esta materia se reduce a lo siguiente: no he visto nunca ningún genio, ni lo ha visto ninguno de los hombres que conozco; Bruto no ha dejado escrito que su genio se le apareció antes de la batalla; ni Newton, ni Locke, ni Descartes, ni ningún rey, ni ningún ministro de Estado, hablaron nunca con su genio; no puedo creer, pues, una cosa de la que no tengo la menor prueba. Confieso que esa cosa no es imposible; pero la posibilidad no prueba que haya existido; es posible que hayan existido los sátiros, con sus colas cortas y retorcidas y con pies de cabra, y sin embargo, esperaré haber visto algunos para creer que hayan existido, porque si viera uno solo no lo creería.

Notas:
1. Si se hace la distinción del kakodaimon (o disdaimon), sería oportuno nombrar al otro como agathodaimon (o incluso eudaimon). El que se aparece a Bruto, según Plutarco, es nombrado como kakodaimon.
2. O Iuno, simplemente, sin pequeñez de por medio. El genius en el mundo de la Roma arcaica aparece vinculado al paterfamilias, aunque posteriormente se extiende a cada miembro de la gens, sea libre o no. La aparición del Iuno es tardía y coincide con el progresivo desarrollo de la civilización. Efectivamente, como dice a continuación, su representación paradigmática es el de una serpiente, a la que se solía ofrecer culto en el sacraria (dependencias consagradas, estén en un templo público o dentro del hogar).

Tags: genio, voltaire

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27 Enero 2008

Historia de las revoluciones americanas en 13 imágenes (I)

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)
En agosto de 1962, la imaginación del guionista Stan Lee y los lápices de Jack Kirkby habían creado, dentro de la serie Journey into Mistery nada menos que al dios Thor (Þorr). Ya desde su primera aparición, Thor muestra su vocación por resolver las cosas a guantazo limpio liándose a tortazos con unos extraterrestres deseosos de dominar el planeta Tierra. En el siguiente número (Journey into Mistery, vol. 1, No. 84, septiembre de 1962) iban a tratar de continuar las aventuras de este personaje, metido ahora nada menos que a resolver conflictos internacionales.

Manteniendo esa dualidad ya clásica desde los tiempos de Superman o Batman, Thor también tiene un perfil humano. En la vida cotidiana, es un médico cojo llamado Donald Blake, poco atlético y no demasiado expresivo pero que, tal y como se explica en el número anterior, tras encontrar un bastón en una cueva en Europa y golpearlo contra el suelo, puede transmutarse en una deidad nórdica, alto, rubio, melenudo, valeroso hasta la exageración y armado de un martillo cargado de poderes. Ahí es nada.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Como vemos, Blake ha regresado de Europa y viaja en compañía de su enfermera. Ni que decir tiene que Blake está enamorado de ella, pero acogiéndose a una puerilidad adolescente, no confiesa su amor por temor a ser rechazado. Tal y como se explica con cansina prolijidad a lo largo de la serie, él es un tullido, alguien que por el mero hecho de padecer cojera queda inmediatamente excluído del circuito de las relaciones sentimentales. La idea es en sí ya significativa de qué es lo que uno puede encontrarse dentro de estas páginas. Por su parte, la enfermera, que también lo ama en secreto (y viva el melodrama), no concibe que Blake, tan distante y callado, pueda estar enamorado de ella.

Pero volvamos a la ilustración: en la primera de las viñetas mostradas, un vendedor callejero anuncia la noticia principal. En un país latinoamericano imaginario, prosigue el conflicto armado. Nótese el nombre de la población, que es nada menos que San Diablo. Está claro que Los Ángeles no es que estén en Estados Unidos, sino que necesariamente han de estar enclavados ahí, y que, en la inversión de Estados Unidos que para la mente conservadora de Stan Lee es todo lo que está más al sur de su país (en el idiolecto estadounidense, América del Sur, aunque geográficamente México o Cuba no lo estén), el lugar latinoamericano no puede llamarse de otro modo que San Diablo.

Claro que el conflicto ha estallado mientras Donald Blake estaba en Europa tocándose las narices, que es lo único que un estadounidense puede hacer en Europa, salvo cuando les ayuda a ganar la guerra. Ya se sabe que, si los dejas solos, los latinoamericanos te montan una guerrilla en menos que canta un gallo.

El conflicto, como vemos, tiene dos facciones: la democrática y otra procomunista. Aquí empezamos con las dualidades tan queridas dentro del Universo Marvel, que por estos años no se acogía ni a medias tintas ni a zonas de transición. O eres bueno, o eres más malo que la piel de Barrabás. Por decirlo de otro modo: o eres yankee (es decir, demócrata, alto, joven, rubio, guapo y con honestos sentimientos), o eres una de las cabezas visibles del Mal (es decir, extranjero y antiestadounidense, feo, barbudo, moreno, vil, traicionero, despiadado... y comunista). Cuánto ha aprendido George Bush Jr. de todo esto.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

¿Qué es lo que hace el gobierno de Estados Unidos cada vez que ha podido meter mano en Centroamérica o Sudamérica? ¿Apoyar a los dictadores más opresivos, siempre y cuando fuesen de derechas? ¿Promover y armar ejércitos para que derrocasen los gobiernos democráticamente elegidos, si es que los electores tenían la mala cabeza de escoger un gobierno de izquierda? ¿Defender a sus empresas que expoliaban injustamente o que sometían a la población a la miseria o el desamparo? Nada de esto, por supuesto. Cada vez que hay un conflicto, y que quede muy claro, Estados Unidos se apresta a enviar ayuda humanitaria. Y en este caso —como en tantos otros—, a la par de la ayuda humanitaria que Donald Blake y su enfermera Jane van a prestar de manera altruísta, cuelan subrepticiamente un arma de guerra de primer orden, que es el mismo Thor. Van a «ayudar a los enfermos», como bien dice la enfermera. Nada hay que temer de la presencia yankee en San Diablo.

Marvel Journey into Mistery, vol. I, No. 84 - Thor (Stan Lee / Jack Kirkby / Joe Sinnott)

Pero... ¡ay!, ya se sabe cómo son los comunistas. Quieren atacar el barco porque... ¡Quieren que los campesinos estén enfermos! ¡Habráse visto lo malvados que pueden ser! Y eso que el lector ve bien claro que en el costado del barco hay pintado un cruz (se supone que roja, con perdón) y que no llevan armas. El lector también ve bien claro que, aunque la cruz estuviese también pintada en el otro costado, no detendría en absoluto a los rojos. ¿No lo ha mandado el Lider? ¡Pues a hundirlo se ha dicho!

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