Cinco años después, con 151.000 personas bajo tierra, o carbonizadas, o voladas en fragmentos que no pueden ser enterrados, con el país devastado, con un ejército de ocupación internacional en su territorio y con las milicias armadas de todo Oriente Próximo disputándose el territorio a bombazos, con un levantamiento fáctico en el norte por parte de los kurdos y con la violación de territorio del ejército turco para atacar sus posiciones, el ex-presidente español Jose María Aznar, en entrevista para la BBC Radio (que se puede escuchar en el reproductor que dejo a continuación), sigue insistiendo en que Irak va viento en popa. No todo lo bien que podría ir —viene a decir—, pero vamos, que la cosa ha mejorado sobremanera desde los tiempos de Sadam Hussein (también asesinado, por cierto). Ahora —explica— ya pueden votar y se puede hablar con libertad. Es cierto. Siempre y cuando a uno no lo hayan matado previamente, puede hablar de lo que le plazca y votar cuando lo dejen. Eso sí, que también corre el riesgo de que lo maten por hacer cualquiera de las dos cosas. Pero, amigos, de qué libertad se disfruta en el lapso.

Espero que ahora se comprenda por qué el rechazo de gran parte de la sociedad de España por ese señor. Si yo comandase el ministerio de Asuntos Exteriores, os aseguro que le otorgaba plaza como embajador para que, con su privilegiada visión, nos ofrendase in situ de la impagable información de que dispone. Adivinen ustedes a qué país lo enviaría.

Las informaciones de Amnistía Internacional matizan algo las opiniones del ex-presidente. Como puede verse.