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23 Marzo 2008

Voltaire acerca de los genios

François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire Ayer mismo, Rosana nos anotaba la definición de la voz Genio que aparece en el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias. Traigo aquí en mi lugar la aparecida en el Dictionnaire philosophique portatif. — La Raison par alphabet (Diccionario filosófico portátil —la Razón por vía del alfabeto), de Voltaire, obra de la que aún a fecha de hoy, no tenemos otra traducción más completa en castellano que la que el editor F. Sempere publicó en 1901. Ya que para leerlo en lengua castellana tenemos que recurrir a un texto mutilado, justo parece que lo conozcamos por un título abreviado también, que es el habitual de Diccionario filosófico. Libro impagable donde los haya, de insoslayable lectura, Voltaire vierte aquí su discurso ácido, pleno de una divertida ironía. En el artículo Genios se pronuncia de la siguiente —e insolente— manera:

La doctrina de los genios, la astrología judiciaria y la magia llenaron todo el mundo antiguo. Si os remontáis hasta el antiguo Zoroastro, veréis que entonces ya se conocían los genios. En toda la antigüedad predominan los astrólogos y los magos. Nos burlamos hoy de aquellos pueblos en los que prevalecían semejantes ideas; si nos pudiéramos poner a su nivel, si empezáramos como ellos a cultivar las ciencias, haríamos lo que ellos hicieron. Supongamos por un momento que somos hombres de ingenio que empezamos a meditar sobre nuestro ser y a estudiar los astros; que creemos indudablemente que la tierra está inmóvil en el centro del mundo; que el sol y los planetas giran para ella, que las estrellas se formaron para nosotros y que el hombre es el único objeto de toda la Naturaleza. ¿Cómo teníamos que considerar todos esos globos destinados para nuestro uso y la inmensidad del cielo? Era muy verosímil que el espacio y los globos estuvieran poblados de sustancias, y que siendo nosotros los favoritos de la Naturaleza, colocados en el centro del mundo, esas sustancias estuvieran sin duda destinadas a velar por el hombre.

El primero que creyó que todo eso era posible encontraría en seguida discípulos que se convencieran de que existía todo eso. Debieron empezar por decir que debían existir genios, y nadie demostraría lo contrarío, porque no es imposible que los aires y los planetas estén poblados. Supondrían en seguida que existían genios, y nadie podría probar que no existían. Luego algunos sabios vieron esos genios, y los demás no creyeron tener el derecho de contestarles que no los habían visto, porque esos genios se habían aparecido a personajes dignos de fe. Uno de ellos vio el genio del Imperio o de su ciudad; otro, el de Marte y el de Saturno; los genios de los cuatro elementos se aparecieron a muchos filósofos, y más de un sabio se jactaría de haber visto su propio genio, soñando, es verdad; pero los sueños eran signos de la verdad.

Dedujeron de todo lo que les rodeaba cómo serían los genios. Para llegar hasta nuestro globo necesitaban tener alas; pues ellos las tenían. Todo lo que existe es corporal; luego los genios tenían cuerpo, pero cuerpo más hermoso que el nuestro, porque eran genios, y más ligero, porque venían de muy lejos. Los sabios que disfrutaban el privilegio de conversar con los genios inspiraban a todos los demás la esperanza de gozar esa felicidad. Si algún escéptico se hubiera atrevido a decirles: «No he visto genios, luego no existen», le hubieran contestado: «Discurrís muy mal; porque no conozcáis una cosa, no podéis deducir que no existe; no hay contradicción en la doctrina que enseña la Naturaleza de esos poderes aéreos, ni es imposible que nos visiten; se han aparecido a nuestros sabios; si vos no los habéis visto, es porque no sois digno de ver genios.»

Así como aparecen en el mundo el bien y el mal, así también deben existir indudablemente genios buenos y genios malos. Los persas tuvieron las peris y las divas; los griegos los daimons y cacodaimons (1); los latinos buenos y malos genios. El genio bueno debía ser blanco y el malo negro, excepto en los pueblos negros, en los que sucedía lo contrario. Platón admitió la existencia de un genio bueno y de un genio malo por cada mortal. El genio malo de Bruto se le apareció a éste para anunciarle su muerte antes de la batalla de Filipos; así lo dicen graves historiadores, entre ellos Plutarco.

Se conocieron genios machos y genios hembras. Los romanos llamaron a los genios de las damas pequeños junos (2). Gozaban en dicha nación viendo cómo crecía y cómo entraba en años el genio protector de cada uno; para el niño era éste un Cupido con alas, y cuando llegaba a la vejez el hombre a quien protegía llevaba barba larga; algunas veces era una serpiente. Consérvase en Roma un mármol en el que hay esculpida una hermosa serpiente debajo de una palmera, de la que cuelgan dos coronas, y en la que se lee esta inscripción: «Al genio de los augustos»; ése era el emblema de la inmortalidad.

¿Qué prueba demostrativa podemos presentar hoy de que los genios, en los que creyeron tantas naciones ilustradas, no son mas que fantasmas de la imaginación? Cuanto podemos decir en esta materia se reduce a lo siguiente: no he visto nunca ningún genio, ni lo ha visto ninguno de los hombres que conozco; Bruto no ha dejado escrito que su genio se le apareció antes de la batalla; ni Newton, ni Locke, ni Descartes, ni ningún rey, ni ningún ministro de Estado, hablaron nunca con su genio; no puedo creer, pues, una cosa de la que no tengo la menor prueba. Confieso que esa cosa no es imposible; pero la posibilidad no prueba que haya existido; es posible que hayan existido los sátiros, con sus colas cortas y retorcidas y con pies de cabra, y sin embargo, esperaré haber visto algunos para creer que hayan existido, porque si viera uno solo no lo creería.

Notas:
1. Si se hace la distinción del kakodaimon (o disdaimon), sería oportuno nombrar al otro como agathodaimon (o incluso eudaimon). El que se aparece a Bruto, según Plutarco, es nombrado como kakodaimon.
2. O Iuno, simplemente, sin pequeñez de por medio. El genius en el mundo de la Roma arcaica aparece vinculado al paterfamilias, aunque posteriormente se extiende a cada miembro de la gens, sea libre o no. La aparición del Iuno es tardía y coincide con el progresivo desarrollo de la civilización. Efectivamente, como dice a continuación, su representación paradigmática es el de una serpiente, a la que se solía ofrecer culto en el sacraria (dependencias consagradas, estén en un templo público o dentro del hogar).

Tags: genio, voltaire

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Astronauta

Astronauta dijo

Divertidísima la definición de Voltaire, esta vez usando la definición actual del adjetivo :)
A pesar de nuestra confianza en los poderes de la razón hagamos el mismo ejercicio que hace Voltaire y 'supongamos por un momento que somos hombres de ingenio que empezamos a meditar sobre nuestro ser y a estudiar los astros; que creemos indudablemente que la tierra está inmóvil en el centro del mundo, que el sol y los planetas giran para ella, que las estrellas se formaron para nosotros y que el hombre es el único objeto de toda la Naturaleza ...' ¿cómo no descargar sobre los genios la responsabilidad de nuestras propias acciones? Fuese cualquiera de los dos su origen '...vel quia nobiscum gignatur, vel quia illi procreandorum sacra divinitas commissa putatur...' imagínese los titulares: 'Genio maligno insta a los Jefes de Estado reunidos en cumbre a invadir la República de...' en fin... acabo de recordar premisas aún más ilógicas que han servido para justificar la invasión de países, estados que siguen sometidos. Nada nuevo bajo el sol.

23 Marzo 2008 | 06:23 PM

robertokles

robertokles dijo

Parece un titular digno de Homero :)

Esas cosas que nos cuentas me han recordado, a mi vez, el primer artículo del clásico de Dodds 'Greeks and the irrational', que se titula, como recordarás, 'Agamemnon's apology' —curioso juego de palabras de Dodds, que habla tanto de 'apología' (con la evolución que el término ha sufrido tanto en castellano como en inglés contemporáneo, pasando a significar 'ensalzamiento') como de 'defense or justification'—, en el que se ven numerosos ejemplos de la Iliada en los que Agamenón (y otros personajes) explican por mediación de la 'fiera até' que les ha poseído sus sucesivos comportamientos.

Hay versión que puede ser leída (con algunas omisiones) en la creciente biblioteca Google

http://books.google.es/books?id=Lz7LNak21AQC&dq=dodds+greek+irrat...,M1

23 Marzo 2008 | 07:42 PM

rafael mencias

rafael mencias dijo

la pregunta deberia ser mas especifica, y no creo en los genios... http://www.lacoctelera.com/ramn

28 Marzo 2008 | 07:54 PM

robertokles

robertokles dijo

Ni idea de a qué pregunta se refiere, Rafael... pero no me cabe duda de que, sea la que sea, podría haber sido más específica ;)

Saludos

28 Marzo 2008 | 09:43 PM

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