Dufay: motete-antífona Ave regina celorum

En los últimos decenios de su vida, Dufay parecía haber conseguido, por lo menos para él, esa paz que había varias veces invocado y anhelado para una Europa convulsionada por las guerras. Alrededor de 1460, acaso sintiendo su muerte próxima, escribió, para él, Ave regina celorum, un motete-antífona cuyo texto litúrgico alterna con los versos del tropo Misesere tui labentis, Dufay. En su testamento, Dufay pidió que, tras la extremaunción, los pueri y los cantores de la Catedral de Cambray cantasen esta antífona en su lecho de muerte. Esta composición, verdadera suma de su arte polifónico, no sólo aparece como un edificio totalmente «renacentista» —contiene todos los elementos estilísticos que volveremos a encontrar en Ockeghem y en Josquin—, sino que alcanza un nivel de expresividad emotiva que anuncia, con más de un siglo de anticipación, la espressione degli affetti monteverdiana. El asombroso dramatismo al inicio del tropo Misesere tui labentis, Dufay y, todavía más, la afanosa persecución de las voces en el pasaje «in mortis hora» nos hace sentir con toda su fuerza, a través de los siglos, el miedo y la angustia del compositor pensando en el momento de su propia muerte.
Pero Dufay vivió todavía durante largos años, y encontró tiempo para desarrollar ulteriormente los temas de este extraordinario motete en su grandiosa última misa, llamada precisamente Missa Ave regina celorum. En la misa, Dufay volvió a utilizar enteramente el material temático de la antífona, incluído en el tropo; aunque el texto litúrgico tome el sitio de la invocación de Dufay, el eco de esta invocación queda intacto en la frase musical. La Missa Ave regina celorum fue cantada durante la ceremonia de dedicación de la Catedral de Cambrai en 1472. Dos años más tarde, concluía la existencia terrenal de Guillaume Dufay.
Guido Magnano
